“La conserva una aliada en tiempos de guerra”

Presentación de la colección de envases procedentes de las trincheras del frente de Aragón y Cataluña.

 

El 4 de noviembre de 2016, se presentó la colección donada al museo por Lluís Galocha, divulgador de la memoria histórica en su tierra Cataluña , que ha cedido la de envases procedentes de la guerra civil española, concretamente de las trincheras donde se desarrolló la Batalla del Ebro, del Segres y de la batalla del Teruel. Todas ellas decisivas para el desenlace final del conflicto de los años 1936-39. La afición de Luís por recuperar restos de los lugares donde se desarrollaron las batallas, viene en parte por un abuelo que exilió a Francia en aquellos duros momentos, esa huella familiar y el desconocimiento sobre la misma llevaron a Lluís a  dedicar parte de su tiempo a este tipo de arqueología de la guerra civil, disciplina que aporta evidencias para recuperar grandes historias a partir de los objetos más comunes como lo son las latas, uno de los artefactos más numerosos encontrados en lugares donde vivían y morían los soldados. Las conservas de pescado, principalmente sardinas, formaban parte de la dieta básica del soldado junto con la leche condensada. Eran el alimento de primera línea.

 

El protagonismo de las conservas junto a otro material propiamente bélico en estos yacimientos constata la importancia del papel que juegan en épocas de crisis o carestía, en especial durante las guerras como artículo de primerísima necesidad. La disponibilidad, la portabilidad, los nutrientes y la durabilidad de los alimentos enlatados son imprescindibles como menú básico para la dieta de soldados y para  las poblaciones sacudidas por los azares belicosos.

 

El contexto general del papel de las conservas de pescado y marisco fue expuesto por el Historiador e investigador y quien mejor conoce la historia de este sector, Xoán Carmona Badía. De la mano del historiador conocimos que la guerra alteró definitivamente toda la estructura conocida hasta el momento por la industria conservera. A partir de julio de 1936, el tradicional mercado internacional deja paso al abastecimiento del ejército sublevado y de las poblaciones de los territorios liberados. La Intendencia Militar a través de circulares, instancias e inspecciones a las fábricas imponía severas instrucciones de “prohibición absoluta de fabricar para particulares en tanto hubiese compromisos con el ejército pendientes de satisfacer”. Cualquiera que no colaborara sería acusado de falta de patriotismo, considerando incursos o delito de auxilio a la rebelión a aquellos fabricantes remisos o retrasados en las entregas que le correspondieran por prorrateos al ejército, incluyendo en graves sanciones.

 

Las guerras, tradicionalmente, son un revulsivo para el consumo de conservas, son periodos de extraordinaria demanda para este sector, la munición para la vida frente a la industria de propiamente bélica.

 

Por tanto, una temática a la que no somos ajenos y que tiene cabida en el Museo ANFACO de la industria conservera.

 

Tan importante gesto de cesión abre nuevas líneas discursivas en el museo ANFACO,  la relevancia de las conservas como sustento básico en cualquier conflicto, no en vano las conservas nacen al abrigo de las guerras napoleónicas. Esta nueva colección incluye conservas de pescado, llaves, leche condensada y restos de una granada Lafitte como las construidas por La Artística en tiempos de guerra, e  introducen la narrativa del papel que jugaron  las empresas conserveras en la guerra civil.